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Todo el pasado por delante, pasaje.
(Instalación)

JORGE SARSALE

CENTRO CULTURAL RECOLETA,
10 de marzo
al 10 de abril de 2005
Junín 1930 - Buenos Aires

Los bordes del campo visual

La obra de Jorge Sarsale está realizada con volúmenes geométricos monocromos y policromos de diferentes dimensiones y proporciones, dispuestos a ambos lados de la sala. Contra una pared hay volúmenes negros apoyados en el piso. Suspendidos en la pared opuesta los hay de diferentes colores y tonalidades.

La experiencia estética es pictórica y arquitectónica a la vez. La obra está proyectada y construida para ser recorrida por nuestra mirada y nuestro cuerpo. La voluntad de medida, orden y exactitud de los llenos y los vacíos crea consonancias y disonancias en las superficies minuciosamente pintadas. La interpenetración de los colores, los saltos y variaciones de las tonalidades crean nuevos efectos que dependen de nuestros desplazamientos. Estos generan secuencias temporales que vinculan instantes distintos: la espera, la anticipación, la sorpresa.

El minimalismo cumplió 40 años. Jorge Sarsale es un postminimalista que acepta las formas primarias elementales, pero que traiciona el histórico rigor constructivo por medio de la vibración y el temblor de los efectos cromáticos. La serie de módulos está emplazada en el espacio blanco para eludir la contemplación frontal e inmóvil. La obra exige ser explorada a distintas distancias por una mirada errante y parcial, lateral e intermitente. Mirar es mirar dos veces.

La estructura de la obra es compleja. La percepción simultánea de sólidos, colores, superficies, tonalidades y distancias tiene el carácter de una inmersión. Los módulos del sistema serial están organizados en el espacio como una totalidad que niega las jerarquías. Sin embargo, algunos aparecen muy claros y definidos, otros pierden su definición, y otros aún quedan afuera de nuestro campo visual.

La obra de Jorge Sarsale habita en los bordes entre la proximidad y la lejanía, entre el encuentro y el pasaje, entre el placer del ornamento y el silencio de la reiteración.
 
Horacio Zabala
verano de 2005





 

 



   

 

   
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