Arquitecto
de profesión, pintor y diseñador
de objetos por vocación, Jorge Sarsale
emplea el papel tisú como soporte de
su obra pictórica y sus objetos utilitarios.
Por Luján
Cambariere
Para definir
la vida profesional y la vocación de
Jorge Sarsale bien se podría hablar de
una secuencia de permisos que fue otorgándose
de a poco. Después de veinticinco años
de construir, reciclar y remodelar oficinas,
locales comerciales y viviendas, y de dedicar
a su pasión, la pintura, sólo
el tiempo libre, una muestra de arquitectos-pintores
le dio en 1998 un permiso concreto para dividir
realmente su día en dos: mitad en la
obra, mitad en su taller.
Fue también entonces que usó por
primera vez el papel como soporte de su obra
plástica. Papel vegetal al principio,
calco de arquitectura, barrilete chino y hasta
papel de molde de costura donado por una amiga,
en los siguientes experimentos. “Tenía
claro que la pintura no era un hobby para mí.
Venía trabajando en ella desde hacia
quince años, pero no me animaba a dar
el gran salto”, cuenta Sarsale.
Otro cúmulo de casualidades –una
remodelación terminada, un pedido de
un cliente, más otro de una entendida
en la materia como es Valeria Fitterman, dueña
de Oda, que quería contar en su local
de objetos de artistas con su obra– lo
decidió sin más a dedicarse de
lleno a su pasión. “Así,
mientras trabajaba en una serie de murales,
el primer utilitario surgió a partir
de unos tubos que encontré en un volquete
que mediante el papel trocaron en coloridos
candelabros.” Hoy, su producción
ya cuenta con múltiples bandejas, fuentes,
cajas, macetas, espejos y hasta murales, con
una técnica absolutamente original que
le es propia.
Volver a enamorarse
Cuando habla del papel, objeto de su deseo,
bien podría estar refiriéndose
a una persona. “Sensual. Sensible, pero
a la vez muy amigable. Seductor. Voluptuoso.
Con el papel di con mi material. El que me sirvió
de vía de ingreso al mundo del arte pero
también al de los objetos. Su sensibilidad
tiene que ver exactamente con lo que yo quiero
contar”, detalla.
Su técnica es simple. Va pintando las
distintas estructura de MDF que él mismo
diseña, con papeles tisú de colores
que consolida con una resina especial. Capa
por capa, los pega con un barniz que tiene un
filtro para rayos ultravioletas, para que la
luz no decolore, y así va armando el
dibujo que desea. En unos juega con las veladuras
y transparencias de distintos tonos cálidos.
En otros, casi sin darse cuenta, va formando
series de cuadrados, rayas o guardas. Y en otros,
como un tipo de papel parafinado que no absorbe
todo el barniz, hasta pueden leerse ciertas
pinceladas. “La idea es realmente usar
el papel como pintura. Por eso antes de empezar
a dibujar los preparo y ordeno como si fueran
mis óleos”, detalla. En plus, todos
llevan una capa de hidrolaqueado para se pueda
mojar o lavar.
“A mí lo que me gusta del objeto
utilitario es que te permite convivir con el
arte desde otro lugar. En un sentido, funciona
hasta como una manera de acercarte a la obra
de arte. Un puente que embellece la vida cotidiana”,
remata.