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Pagina 12, Diciembre de 2010,

Artes Visuales : Jorge Sarsale, Centro Cultural Borges

 

De materia y procedimientos

 

Una veintena de obras que de lejos lucen como rítmicos y caóticos conjuntos de trazos que conforman ejércitos de insectos y vegetaciones invasivas, de cerca, revelan un riguroso sistema de procedimientos obsesivos.

 

De una primera mirada lo que se ve es un conjunto de cuadros de distintos tamaños, aislados o agrupados, y obras de pared, que se destacan por la proliferación rítmica y caótica de infinitas rayas y líneas negras, grises, rojas y color madera, que crean un efecto visual enmarañado, de un ejército de insectos.

 

Con la cercanía se disipa la indeterminación, porque la obra nos permite (nos invita a) asomarnos al motor de ese ritmo visual, de esa sucesión inagotable, virtuosa, en la que se alternan y combinan cientos y miles de tiras de papeles, con una regularidad, grosor y condición combinatoria que busca la variación continua de una obra a otra, pero que sigue patrones calculados cuidadosamente, como pulsaciones, gracias a los cuales se estructura cada uno de los trabajos de Jorge Sarsale.

 

Sarsale nació en Buenos Aires en 1952, es arquitecto y se especializó como artista en los talleres y seminarios de Noé Nojechowiz, Luis Felipe Noé, Carolina Antoniadis y Fabiana Barreda, entre otros.

 

Realizó exposiciones individuales en el país y en EE.UU. y Europa. Participó de muestras grupales nacionales e internacionales como “Futurity” HeriardCimino Gallery, New Orleans (2008); Salón Nacional de Pintura, Fundación Banco Nación, Centro Cultural Borges; “24 Horas soñando”, Muestra Homenaje a Raúl Lozza, Museo Lozza, Alberti, provincia de Buenos Aires (2008); “Pintura sin pintura”, Centro Cultural de España en Buenos Aires (2005); Estudio Abierto Avenida de Mayo (2004) y Harrod’s (2003); Premio Universidad de Palermo, Museo Nacional de Bellas Artes (2003). Ganó una mención en el Salón Nacional de Artes Visuales de 2009; una mención honorífica en el Salón Nacional 2008 de la Fundación Banco Nación; participó del Programa de Residencias Artísticas del Santa Fe Art Institute, Nuevo México (EE.UU., 2008) y del Programa Internacional de Intercambio, Atlantic Center for the Arts, Florida (2004).

 

Sarsale fabrica en primera instancia texturas complejas que por la obsesión de su ordenamiento generan el espejismo de su desaparición y dan lugar a otra estructura, ostensible, que luce caótica, aunque la idea de ritmo persiste con otro carácter.

 

Tiras infinitas se tejen, superponen, imbrican, complementan, enredan, apelmazan, pliegan, pegan, ordenan, en una disposición que parece caótica, pero que en realidad responde a un rigor obsesivo y detallista. Una anotación para los registros: lo suyo es notoriamente pictórico, pero no es estrictamente pintura, y allí comienza el juego.

 

Para ser consecuente con el espacio que lo convoca (en el contexto del proyecto “La línea piensa”, dirigido por Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía), el propio Sarsale ofrece una explicación muy breve sobre aquello que le interesa: “Linealmente hablando, me interesa el accidente y la reiteración que llevan consigo encuentros afortunados y malogrados también”.

 

Sus “reiteraciones”, sin embargo, no vuelven a decir “lo mismo”: responden a las aludidas pulsaciones que van pautando el espacio de cada obra. Allí hay una escritura, una sintaxis, una relación entre tiempo real y movimiento virtual. Y esa escritura también está inscripta microscópicamente en la obra, porque las tiritas de papel o los fondos sobre los que se aplican las tiras a veces están conformados por páginas de la guía telefónica. Y allí se suceden nombres en orden alfabético, números, calles. Entonces, cuando nos acercamos, advertimos que los ejércitos de insectos que de lejos parece convocar esta obra, están hechos de listados alfabéticos. Aquí aparece la primera y material metáfora de sus trabajos.

 

La obra de Sarsale se organiza en torno de una materialidad precisa, de procedimientos específicos, de una mecánica rigurosa, es decir, de toda una serie de formalizaciones planificadas sobre las cuales el artista se apoya para generar imágenes como efecto secundario de estos procedimientos de reiteraciones y accidentes. En ese cruce productivo entre lo que se repite y lo que emerge inesperadamente, su obra se vuelve evocativa y provocativa.

 

Los rigurosos procedimientos de Sarsale no sólo funcionan como red en sentido figurado –como sostén de un método de producción, como matriz molecular, como rutina de trabajo, como promesa esquemática de continuidad–, sino también en el sentido simbólico y visual del concepto de red. Lo que vemos es también una red, una maraña de líneas y rayas. Líneas pegadas, aplicadas, o líneas en el espacio, como una viruta que hace combustión visual en el ojo del espectador.

 

A su vez, el procedimiento es perfectamente perceptible en una segunda mirada, ya que sólo está oculto tras el efecto hipnótico que causa su acumulación espacial y la inicial toma de distancia. A medida que nos acercamos la obra va revelando sola la materialidad de su sintaxis y su estructura.

 

La mecánica proliferante de su sistema constructivo hace eclosión y desborda (premeditadamente, por supuesto) en las piezas donde las líneas de papel conforman enormes piezas aplicadas directamente sobre la pared. Una especie de vegetación filamentosa que va creciendo en la superficie y el espacio con distintas articulaciones, según cada trabajo. Son obras de diferentes tamaño, pero que llegan a ser muy grandes, trabajadas específicamente para el espacio de exposición, que toman dos planos de pared incluyendo ángulos salientes o entrantes. Son piezas que van por fuera de los límites del marco, que llevan hasta nuevos confines la propia lógica de la proliferación, para sumergirse en cierto juego invasivo que sube la apuesta del aparente descontrol.

 

Como explica Eduardo Stupía en el catálogo de la muestra: “El menú que Sarsale nos ofrece incluye la expansión sostenida y la modulación de la línea y el color en leves alteraciones de grosor, dimensión, valor y paleta, ajustadas en intervalos muy cortos. El contrapunto de los grandes segmentos convive con una microfísica de elementos regulares e irregulares, cada uno con su vibración autónoma, cada uno como una microscópica miniatura abstracta. Estos, a su vez, conforman retículas lo suficientemente homogéneas como para que sus variaciones sean también apenas detectables, minúsculas, aunque notorias en la atmósfera global de cada cuadro; se percibe, centímetro a centímetro, el emocionante esfuerzo por lograr la mayor diversidad a partir de la más imperceptible diferencia”.

 

En el espacio del proyecto “La línea piensa” del Centro Cultural Borges, en Viamonte esquina San Martín.

Fabián Lebenglik

VISUAL ARTS › JORGE SARSALE IN THE CENTRO CULTURAL BORGES

 

On material and procedures

Twenty works of art that, seen from afar, look like rhythmic and chaotic groups of lines that form armies of insects and invasive vegetation; seen from closer up, they reveal a rigorous system of obsessive procedures.

 

At first what you see is a group of paintings of different sizes, some isolated and others in groups, and wall paintings, which stand out for the rhythmic and chaotic proliferation of infinite black, gray, red, and wood colored lines which create a muddled visual effect, as if facing an army of insects.

As you get closer, the indecision is dispelled, because the paintings allow us (invite us) to take a look at the driving force behind this visual rhythm, this inexhaustible, virtuous succession, in which hundreds and thousands of strips of paper are combined and alternated with a regularity, thickness, and combinatory condition which seeks continuous variation from one work to the next, but always following carefully calculated patterns, pulsations almost, which give structure to each of Jorge Sarsale’s works.

Sarsale, born in Buenos Aires in 1952, is an architect and studied art with Noé Nojechowiz, Luis Felipe Noé, Carolina Antoniadis and Fabiana Barreda, among others.

He has held individual exhibitions in Argentina, the United States, and Europe. He has also formed part of national and international collective exhibitions such as Futurity, held in 2008 at the Heriard Cimino Gallery in New Orleans, the Salón Nacional de Pintura, the Fundación Banco Nación and the Centro Cultural Borges; 24 Hours Dreaming, a tribute to Raúl Lozza held at the Museo Lozza in Alberti, province of Buenos Aires (2008); Painting without painting, at the Centro Cultural de España in Buenos Aires (2005); Estudio Abierto Avenida de Mayo (2004) and Harrod’s (2003); Universidad de Palermo Prize, Museo Nacional de Bellas Artes (2003). He received a mention at the National Visual Arts Exposition of 2009, and an honorable mention at the 2008 National Exposition organized by the Fundación Banco Nación; he participated in the Santa Fe Art Institute artistic residencies program in 2008 and in the international exchange program developed by the Atlantic Center for the Arts, Florida, in 2004.

Sarsale first produces complex textures – obsessively arranged so as to create the illusion of disappearing – which give way to a different, ostensible structure that appears chaotic, although the idea of rhythm persists with a different temperament. Infinite strips are woven, superposed, imbricated, complemented, tangled, compressed, folded, stuck, and arranged in a seemingly chaotic display, which corresponds, however, to an obsessive, meticulous rigor. Something to take note of: Sarsale is markedly pictorial, but his work is not, strictly speaking, painting, and that is where the game begins.

 

To be consistent with the setting, – his exhibition is part of the project “La línea piensa” (“The Line Thinks”) headed by Luis Felipe Noé and Eduardo Stupía – Sarsale offers a very brief explanation of what it is that interests him: “Linearly speaking, I am interested in accident and reiteration, which together imply fortunate and also unfortunate encounters”.

Sarsale’s “reiteration”, however, does not just “say the same thing”: it responds to the aforementioned pulsations that organize space in each painting. There is writing, syntax, a relationship between real time and virtual movement. And the writing is microscopically embedded in the work, because the strips of paper and the surfaces on which they are glued have been made out of phone directory pages. There is a succession of names which appear in alphabetical order, numbers, and street names. When we get close to the painting we see that the army of insects we perceived from afar is actually made out of alphabetical listings. This is the first material metaphor in Sarsale’s creations.

His work is organized around a precise materiality, specific procedures, and rigorous mechanics: in short, a series of planned formalizations which the artist uses to create images as a secondary effect of these accident-reiteration procedures. In the productive encounter between what is repeated and what emerges unexpectedly, his work turns evocative and provocative.

Sarsale’s rigorous procedures function as a network, not only in the metaphorical sense – as a support of a method of production, as a molecular matrix, as a working routine, as a schematic promise of continuity – but also in the symbolic and visual sense of the concept “network”. What we see is also a network, a tangle of lines and stripes. Glued lines, applied lines, and lines free in space, like wood shavings that make visual combustion in the viewer’s eyes.

On the other hand, the procedure is easy to see at a second glance, because its only concealment is the hypnotic effect caused by spatial accumulation and the viewer’s initial distance from the painting. As we get closer to it, the work of art reveals by itself the materiality of its syntax and its structure.

The proliferating mechanics of Sarsale’s constructive system breaks out and overflows – deliberately, of course – in the paintings in which paper lines are applied directly to the wall, forming a sort of filamentous vegetation that grows on surface and space with diverse articulations in each work. The works are of different sizes, and some are really large, specifically conceived to exist in an exhibition room; they can occupy more than one wall, including salient and retiring angles. These paintings exceed the limits of the frame and take the logic of proliferation to new heights, to be then submerged in a certain invasive game which raises the stakes of apparent chaos. As Eduardo Stupía  explains in the exhibition catalogue: “The menu Sarsale offers us includes sustained expansion and modulation of line and color in slight alterations of thickness, dimension, value, and palette, adjusted at very short intervals. The counterpoint of the large segments coexists with a microphysics of regular and irregular elements, each one with its own autonomous vibration, each one a microscopic abstract miniature. These, in turn, form reticles homogeneous enough to make their variations barely detectable, minuscule, although noticeable in the global atmosphere of each painting; we can perceive, inch by inch, the moving effort to achieve the greatest diversity from the most imperceptible difference.”

At the “La línea piensa”  project exhibition rooms in the Centro Cultural Borges, at the corner of Viamonte and San Martín.

 

By Fabián Lebenglik, Pagina 12, December 14t, 2010

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