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María Teresa Constantin, Deslizamientos constructivos

 

Si pronunciar el vocablo construir evoca a aquello que levanta una señal nueva en el mundo, en el campo del arte refiere inevitablemente a movimientos y artistas de diferentes momentos anclados en un cierto orden, a la razón batallando o, al menos intentando, contener a la emoción mediante el uso riguroso de elementos plásticos. Una tensión histórica cuya vitalidad atraviesa la producción artística del último siglo y se extiende hasta el presente. De alguna manera, ambas nociones han sido puestas en juego en la obra de Jorge Sarsale y en esta muestra en particular. En efecto, recurriendo a su procedimiento habitual de pegado de finas tiras de papel sobre soportes diversos, el artista elabora y ordena diferentes superficies pictóricas. Se trata de la repetición de módulos en los que el uso del color, el ancho de la tira, las texturas, las leves alteraciones de valor y paleta han sido calculados, casi como en un ejercicio de experimentación científica. El resultado es una grilla que parece converger con la retícula analizada por Rosalind Krauss: esa pared levantada entre la visualidad pura y las palabras, la voluntad de silencio del arte moderno. Sin embargo, el trabajo de Sarsale se desliza por fuera del puro rigor constructivo y se contamina con otros problemas. Así, a la búsqueda de los ordenados cruces de verticales y horizontales les responde el nido enmarañado, sobre fondo de color, de la serie Eso o las verticales anudadas de la serie Colonia. El orden ha sido violentado por un pudoroso expresionismo a la vez que, casi como al descuido, aparecen otras  pistas e indicios más inquietantes. Así, la trama entretejida por las tiras de papel cede y en ciertas obras se advierte que esas tiras han sido recortadas de las hojas de la guía telefónica y son ahora una infinita sucesión de nombres y números. Lo mismo sucede cuando se percibe que los blancos y negros de la serie No todos ha sido trabajada  a partir de la página de avisos fúnebres. La individualidad borrada, los enjambres, los inventarios aparecen como señales, alertas sobre la existencia, el anonimato y  la negación de lo particular que produce el listado de un orden moderno, uno más de la colonia. Esta muestra también le permite al artista retomar problemas que ya había abordado en trabajos anteriores, a saber, la ruptura con la planimetría del muro y la experimentación espacial, como sucedió con los volúmenes de la muestra Todo el pasado por delante,  de 2005 o la reciente instalación de la serie Eso en la que el entretejido de papel se apropiaba del muro. Ahora, a la inversa de aquellas experiencias, es el espacio el que dicta su uso y Sarsale se pliega a él: obras pequeñas que permitan la ocupación de las curvas del muro o materiales flexibles que se amolden a lo cóncavo y convexo. La obra se hace cargo así de uno de los problemas de la producción artística contemporánea, su dependencia del sitio. A Sarsale, formado como arquitecto, las paredes del emblemático edificio diseñado por Bustillo le permitieron una corrupción del rigor constructivo a la vez que complejizaron el sentido de la obra que, en diálogo con la arquitectura, se propone también como depositaria de memoria.

 

 Maria Teresa Constantin, julio 2011

Maria Teresa Constantin, Constructive slidings.

 

If the term “construct” evokes that which creates new signals in the world, in the field of art it inevitably relates to schools and artists from different periods anchored in a certain order, with Reason striving to restrain Emotion through the strict use of plastic elements. This historical tension has a vitality such that it touches all the artistic production of the past century and extends into the present. Somehow, both notions have been set in play in Jorge Sarsale’s work, especially in this exhibition. In fact, resorting to his usual procedure of gluing thin strips of paper on different media, Sarsale produces and arranges distinctive pictorial surfaces. There is a repetition of modules in which the way color is used, the paper strips’ width, the textures, the slight differences in palette and value have all been calculated, almost as if this were an exercise in scientific experimentation. The result is a grid which seems to converge with the reticle analyzed by Rosalind Krauss: a wall raised between pure visuality and words, modern art’s will for silence. However, Sarsale’s work “slides” beyond pure constructive rigor and gets contaminated with other problems. Thus, the search for orderly vertical and horizontal intersections is contested by the tangled nest on a color background of the Eso (That) series or the vertical knottings of the Colonia series. Order has been broken by a chaste expressionism while at the same time, almost carelessly, other, more disquieting signs and traces come forth. The weft woven by the paper strips gives in and in some works you can see that those strips have been cut out from the telephone guide and have now become an infinite succession of names and numbers. The same happens when you perceive that the blacks and whites of the No Todos (Not All) series were originally taken from the obituary page. Erased individuality, clusters, and inventories become signals, alerting us about existence, anonymity, and the negation of particularity produced by the listing of a modern order, one more in the colony. This exhibit also allows Sarsale to take up again some challenges he had already faced in previous works, such as rupture with the planimetry of the wall and experimentation with space, as in the 2005 exhibit Todo el pasado por delante (All the Past Ahead) or the more recent Eso in which the paper weave took over the wall. Inversely, it is now space which determines how it must be used, and Sarsale submits to it: small works which allow for the occupation of the curves in the walls and flexible materials which adjust to the concave and the convex. The exhibit reflects on one of contemporary art’s problematic issues, its dependence on space. For Sarsale, formed as an architect, the walls of the emblematic building designed by Bustillo allowed for a “corruption” of the constructive rigor; at the same time, they add complexity to the artist’s work which, while it interacts with architecture, also makes a strong statement on memory.

Maria Teresa Constantin, July 2011

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